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Educando el corazón

por Líneas Libres
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¡Felices pascuas!

La Iglesia católica festeja en esta semana el Domingo de Resurrección y la semana de Pascua, o que quiere decir el paso del Señor.

La resurrección se refiere a la creencia religiosa cristiana de que Jesucristo, después de ser crucificado y sepultado, resucita de entre los muertos al pasar tres días. ¿Qué significa eso? Que Jesucristo crea una nueva humanidad, recompone la amistad de Dios entre los hombres y nos hace libres de la esclavitud del pecado.

Escribo de esto porque tiene tanto que embonar con la vida, no solo de los católicos, sino de la humanidad.

Los católicos dicen que hay que arrepentirse de los pecados y confiar en Dios, y así se puede resucitar de forma espiritual; las doctrinas morales son tan válidas una y otra.

Algunos piensan que son fraudulentas las religiones; sin embargo, a través de la religión se vive la esperanza en un ser supremo y la certeza de un mundo eterno en plenitud.

De tal manera que quienes creen que los católicos veneran a un Dios muerto, están muy equivocados, confían en Dios vivo porque Jesucristo resucitó, porque vive entre nosotros, en cada uno de nuestros semejantes.

Resurrección no solo es lo que acabo de comentar, va más allá de eso, resurrección es ser una persona íntegra, moral, digna, leal, sincera y respetable.

Resucitar es cuidar al prójimo como a mí mismo; sin embargo, vemos aún personas sin cubrebocas, sin tomar sana distancia, balnearios a reventar, playas llenas, bares abiertos; eso es estar viviendo lentamente la muerte.

No se requiere ser católico para creer en una resurrección; aquella persona que se equivoca, reconoce y modifica la conducta está resucitando.

La persona que tiene la suficiente fuerza de voluntad y logra retos está resucitando; quien se esfuerza y vence los defectos de carácter en su forma de ser a veces intolerante e iracundo, está resucitando.

Quien cumple sus deberes sociales como el pago de impuestos, trámites que requiere para realizar alguna actividad y respeta las normas morales y de convivencia, está resucitando.

Concluyo entonces que no requerimos de ninguna fe ciega ni absurda para resucitar, para ser mejor, para evolucionar, para ser feliz; desde luego que no dejo de reconocer el sentido de pertenencia a una religión.

Sin embargo, la dignidad humana y la espiritualidad no se encuentran ni se compran en ninguna construcción religiosa, ni en la reunión pastoral, eso se encuentra en el corazón de cada ser humano que nos guste o no, creamos o no, somos imagen y semejanza de nuestro creador.

¡Resucitemos todos, siendo mejores seres humanos!

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