Hogar Estilo de Vida And Just Like That- Columna Glow 21 por Valeria Camacho

And Just Like That- Columna Glow 21 por Valeria Camacho

por Valeria Camacho

08/02/22

Una de mis partes favoritas de escribir esta columna, he de admitir, es sentir que me transformo en uno de mis personajes de series de televisión favoritos (en cuanto a moda refiere): Carrie Bradshaw. Me gusta imaginar que, igual que ella, me encuentro redactando frente a una ventana que da a las calles de Nueva York, aunque yo no hable de relaciones sino de moda. Ya en una ocasión habíamos platicado sobre lo icónica que es ‘Sex and the City’ en el mundo de la moda, siendo uno de los principales referentes cuando de estilo neoyorquino se trata; ahí te comenté que, a pesar de ser una serie con muchos fallos y que no ha tenido una buena resistencia al paso del tiempo, es una de las que más disfruto. De ahí que no sea de extrañar que el reboot de esta, ahora bajo el nombre de ‘And Just Like That’, despertara mi curiosidad por saber qué era de esos personajes tan queridos que ahora tenían una edad mayor y con un contexto totalmente diferente al de los noventa (tanto tecnológica como ideológicamente). Sin embargo, también era consciente de que, posiblemente, la nueva fórmula propuesta no resultaría tanto de mi agrado dado los muchos cambios que esta atravesó… resulta que no me equivoqué.

Comencemos con que, aunque soy muy consciente de que la trama no es particularmente profunda como algunos otros productos televisivos, debemos ver a ‘Sex and the City’ desde el ojo crítico de su contexto: y es que una serie de los noventa que, en tiempo estelar, hablara de la sexualidad femenina de una manera tan abierta, resultó impactante. Y es que si bien en la actualidad pudiera parecer que son temas ya comunes en la discusión diaria, lo cierto es que aún sorprende la naturalidad con la que ellos eran tratados en una época con muchos tabúes existentes… y ese es uno de los mayores fallos en este relato. El reboot desea conservar ese espíritu atrevido para hablar de avances sociales y, evidentemente, hoy en día reinan cuestiones como la igualdad de género y/o el reconocimiento de los géneros no binarios. Sin embargo, aunque aplaudo que se intente dar visibilidad a estos temas, lo cierto es que la naturalidad que tanto la caracterizaba es nula y, por el contrario, incluso parece forzado. Y es que sí que hay ejemplos que hoy en día introducen estos de una manera que se siente sincera y parte de la ‘normalidad’ (como debe ser), como me parece es el caso de ‘Euphoria’, también de HBO, en donde tenemos un personaje transexual y no es esta su principal aportación a la trama. En este mismo tono, he de decir que, contrario a lo que la gran mayoría opina, sí me agrada que Miranda haya explorado y cuestionado su sexualidad, creo que es un desarrollo de personaje que resultó interesante, aunque pudo haber sido mejor trabajado.

Otro punto que es evidente son las pérdidas de personajes: Samantha, Big y Standford; y es que, discúlpenme, pero me parece que parte del por qué el guion puede resultar tan aburrido es por la ausencia de Samantha (como bien han dicho, sin ella es ‘…And the City’). Veámoslo de esta manera: Miranda, por muy cool que antes fuera, pasó a ser una madre desgastada que ha perdido parte de su característico sarcasmo; Carrie sigue siendo egocéntrica y sin mucha evolución del personaje y, bueno, Charlotte es abismalmente aburrida desde la serie anterior, incluso después de que su conservadurismo fuera menor. Y bien lo comentaron, no hubo personaje que reemplazara a Samantha y eso en realidad me alegra, pero solo hizo aún más evidente la frescura que ella aportaba, además de sensualidad y seguridad. Por otro lado, hablando de la muerte de Big, me resulta ilógico el casi nulo duelo que Carrie le guarda a la persona que, literalmente, pasó seis temporadas persiguiendo.

Y así podríamos seguir hablando de los muchos fallos que esta tiene, pero me gustaría que ahora nos concentráramos en mi parte favorita: la moda y el diseño de vestuario; y para ello he de admitir que tenía una opinión algo distinta antes de ver el documental en HBO sobre esta serie; una especie de detrás de cámaras. Recordemos que la vestuarista de la serie original era la icónica Patricia Field y, en esta entrega, tenemos como encargada a la que fue su asistente, Molly Rogers, y es que, ¿quién mejor para reinterpretar a los personajes que alguien que los conoce desde el inicio? Y, ¿lo logró? Sí y no. Me parece que la más apegada a lo que era el personaje original es Charlotte aunque, seamos sinceros, no es tan difícil cuando su estilo siempre ha sido Chanel y Dior, uno que siempre es perfecto y cae incluso en lo ‘ñoño’. Después tenemos a Miranda, con quien tengo sentimientos encontrados ya que, claramente, la edad juega ya un papel en este reboot, aunque sí que extraño a su versión de las primeras temporadas con lujosos trajes sastre que iban a la perfección con quien era; creo que no lo hace ni tan bien, ni tan mal.

Ahora bien, pasemos con Carrie Bradshaw, y aquí me gustaría retomar el punto que comenté sobre el documental. Y es que, a ver, el personaje de Sarah Jessica Parker es complejo en cuanto a estilo refiere, porque no solo se trata de ver qué combina mejor sino también de seguir siendo arriesgada e innovadora de una forma que es difícil de ver en las calles incluso de NY. De igual forma que en la serie original, existieron looks que me encantaron, como el del mono y blazer a cuadros, y otros que no tanto, como el primero que vemos en escena. Sin embargo, a través del documental pude ver que SJP tiene tanto cariño y entendimiento de quién es Carrie que, evidentemente, debe formar parte en la elección de vestuario, así como la estilización del mismo. Hubo un momento en específico que me marcó: cuando estaban seleccionando el vestuario, eligieron un jumpsuit de Gaultier en tonos grises, por lo que Molly pensó que no habría forma en que el personaje lo vistiera; sin embargo, cuando Sarah Jessica se lo prueba, dice: ‘es horrendo, tenemos que utilizarlo’. Y es que esa es la esencia de Carrie, hacer que aquello que puede parecer extraño a la vista, se convierta en una pieza única. Hablando de esa esencia, quisiera hacer la breve comparación con ‘Emily in Paris’: Bradshaw tampoco usa sneakers, al contrario, todo el tiempo la vemos en tacones (aunque pintar una casa en tacones me parece algo también fuera de la realidad), pero sigue buscando cómo estar en tendencia con blazers oversize, y lo lleva a cabo de una manera que, en la mayoría de ocasiones, va acorde con su edad. Y también creo que ello podría abrir una discusión interesante en torno a la constante crítica de que ya no tiene ‘edad’ para vestir así, pero, ¿quién dice que a mis cincuenta años debo seguir un código que vaya en contra de mi estilo personal?

A pesar del mal sabor de boca que la trama y el manejo de temas sensibles dejaron en mí, me gustaría quedarme con la perspectiva que el documental dejó en mí, y es que es inevitable emocionarse al ver colgados nombres como Vivienne Westwood, Yohji Yamamoto o Jean Paul Gaultier. Me parece que, si una segunda temporada se lleva a cabo, la retroalimentación de la audiencia puede ayudar a que parte de la esencia de una de nuestras series más queridas, sea recuperada. Por lo pronto, me quedo con esa imagen de Carrie sentada en su apartamento en Nueva York comiendo palomitas mientras porta ese hermoso Versace como si de un pijama tratase, y es que, ¿quién no sueña con esa vida?

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